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Cancelaciones y Coronavirus.

publicado a la‎(s)‎ 14 mar. 2020 2:26 por Carla Pérez García

Llegamos el viernes, así que el sábado empezamos con nuestra aventura de ir al supermercado. La primera desventaja es que los dos que tenemos más cerca, no aceptan nuestras tarjetas VISA, solo aceptan las que tienen cuenta aquí en Países Bajos, o efectivo. Así que optamos por buscar un LIDL a ver si había más suerte. Sí que hubo. Lo que hemos notado es que a las personas de aquí se les pinta siempre como hiper puntuales, serios... pero nada de ordenados. Te puedes encontrar un yogur con el papel higiénico, o tener que buscar por todos los pasillos porque no tienen que ver unas cosas con otras. 


Nuestras prácticas empezaron con un free tour (ruta que es gratis, pero los clientes al final pueden hacer una aportación económica para recompensar el trabajo del guía), y nosotras de training. Vamos con los guías, oyéndolos, viendo cómo lo hacen, qué rutas eligen. Esto es lo que más me gusta de este trabajo: todo lo que aprendes de un sitio nuevo. Duraba unas tres horas, y la suerte es que ese día estaba bueno. Especifico qué significa un día bueno aquí: unos 10 grados con suerte y que no llueva a mares, así que nada mal, pero con el mismo frío que te corta en dos siempre. Ya hemos optado por salir como muñecos Michelin, aunque nos falte solo llegar rodando a los sitios. Se nota quiénes somos recién llegados de España, porque los que llevan aquí tiempo, ya les vale con un suéter por dentro y una chaqueta. Nosotras y los clientes llevamos térmicas, suéter, chaquetas, pañuelos en el cuello, y todo lo que nos quepa en ese momento. Al terminar, decidimos ir a una bolera que está cerca del punto de encuentro de las rutas en guagua de nuestra empresa, Camaleón Tours.

El miércoles fuimos a Zaanse Schans, Volendam, Edam y Marken. Teníamos muchas ganas de ir, porque es lo típico que se publicita de aquí de Países Bajos. La guagua iba llena, pero al fin y al cabo todos hablaban de la nueva conversación trending tópico: el coronavirus. Y también algún chismorreo, que no se nos olvide que somos españoles. 
Los pueblos eran preciosos, aunque por foto no parezcan para tanto, es impresionante verlos en persona. Vimos una demostración de cómo se hacen los zuecos que utilizaban antes los holandeses. A los clientes les gustó mucho. A mí me impresionó ver una tienda entera de zuecos de todos números, porque pensé que qué iba a hacer la gente con aquel "souvenir" si lo compraban. ¿Quizás para utilizarlos como zapatillas de noche? (¿Por qué no? El chico que los hacía nos dijo que con unos calcetines de lana, puedes tener los pies a unos 20 grados, así que quizás en España no hace falta, pero aquí se agradece).
Vimos una demostración de cómo hacen los quesos de Henri Willig (vayas por donde vayas aquí, siempre hay una tienda con su nombre). Son los quesos típicos, y tienen de casi cualquier variedad: cabra, oveja, de ajo, hasta incluso de lavanda. Los probamos, pero me quedo sin duda con el Gouda de toda la vida. A los clientes se ve que también les gustó, porque no dejaron ni las migas.
Tampoco aquí dejo de hacer la india, no queda duda.
Ayer estuvimos en la oficina, cancelando excursiones, porque con esto del coronavirus, están cerrando museos y de todo. Así que están quedando los free tours y poco más. Esperemos que esto cambie.



Primeras impresiones de Países Bajos

publicado a la‎(s)‎ 7 mar. 2020 8:10 por Carla Pérez García   [ actualizado el 7 mar. 2020 8:16 ]

Mi nombre es Carla, y estudio Guía, Información y Asistencia Turísticas.
Llevaba más de una semana ultimando los preparativos para mi viaje a Países Bajos. Compras, papeleos, documentos... y llegó el día. Madrugar para llegar al aeropuerto y tener que esperar una cola infinita para facturar. Un largo vuelo de casi 5 horas en las cuales lo único que escuchaba era a gente hablar en holandés, alemán o vete tú a saber qué idioma, pero cualquiera menos un poco de español. Mi compañera Erika estaba en la otra fila de enfrente, y lo único que veía de ella eran sus manitas. Al llegar, el frío nos dio la bienvenida y con él, un rato de pérdidas de no saber hacia dónde ir, ni cómo, ni nada de nada. Al final conseguimos llegar hasta la casa en la que tenemos una habitación alquilada, que está a 15 minutos aproximadamente de Ámsterdam. Yo sigo diciendo que hace frío, y salgo como las cebollas, con muchas capas. Donde único me da frío es en las orejas, las manos y lo poco que dejo al margen del viento. Ahora estamos en la habitación, tras haber visitado la capital durante un par de horas. Mis impresiones: mucha gente, muchos idiomas, tiendas caras, barcos, canales, empresas turísticas y olor a cosas que supuestamente no son legales en la calle.
Somos muy impresionables, así que piedra que vemos, piedra que le sacamos una foto. Lo peor es tener que comunicarte con la gente de aquí, pues parecen no entender que aparte del holandés hay más idiomas, y pocos son capaces de dirigirse hacia ti en inglés, así que estamos solucionándonos la vida como podemos y como va surgiendo.



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